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Siguiendo esta serie,  aquí una interesante publicación de la Comisión en Economía para América Latina y el Caribe – CEPAL, en el que se hace un un estudio económico de todas la economías de América Latina y el Caribe.

Ficha Técnica
Título: Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2010-2011
Institución y serie: CEPAL, Publicaciones CEPAL, División de Desarrollo Económico
Fecha: Julio 2011

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Resumen (extraído del documento)
Luego de la contracción experimentada en 2009, el PIB de América Latina y el Caribe creció un 5,9% en 2010, aunque como es característico en la región se evidencia una gran heterogeneidad al evaluar el desempeño específico de los países. Este comportamiento del PIB estuvo impulsado por un elevado dinamismo de la demanda interna, tanto del consumo como de la inversión, así como por el aumento de la demanda de origen externo. En lo que respecta a la demanda interna, el crecimiento del consumo privado (5,9%) se sustentó en la mejora de los indicadores laborales, tanto en términos de empleo como de salarios, a las mejores expectativas respecto del desempeño de la economía, al aumento del crédito al sector privado y, en algunos países, a la recuperación de las remesas de emigrantes. Por su parte, el consumo público se expandió a tasas más moderadas (3,9%) y la inversión aumentó un 14,5%, destacándose el dinamismo en maquinaria y equipos. En cuanto a la demanda externa, el crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios fue particularmente notable en los países del MERCOSUREl SalvadorMéxicoNicaragua y la República Dominicana, cuyas tasas de expansión fueron superiores al 10%. Al mismo tiempo, el mencionado elevado dinamismo de la demanda interna regional (7,5%) indujo un alza, superior al 10%, de las importaciones de bienes y servicios a precios constantes.

Para 2011 la CEPAL proyecta una tasa de crecimiento del PIB regional del 4,7%, lo que implica un aumento del 3,6% en el PIB por habitante. Este crecimiento será el resultado de la consolidación de la recuperación que las economías de América Latina y el Caribe iniciaron en la segunda mitad de 2009. Sin embargo, la pérdida paulatina del dinamismo de la economía internacional y, en algunos casos, el retiro gradual de las políticas públicas adoptadas en la región para enfrentar la crisis, contribuirían a explicar la desaceleración del crecimiento con respecto al observado en 2010. Asimismo, y aunque se prevé un contexto externo menos favorable y un entorno interno caracterizado por tensiones en relación con la evolución de algunas variables macroeconómicas que dan lugar a complejos dilemas de política para las autoridades económicas de los países de la región, se espera un crecimiento regional de un 4,1% para 2012, equivalente a un aumento del 3,0% del producto por habitante.

La evolución de la actividad de las economías de América Latina y el Caribe en el futuro cercano se basa, en gran medida, en el impulso del consumo privado, que a su vez obedece a los mejores indicadores laborales y al aumento del crédito. Al mismo tiempo, las expectativas favorables respecto de la evolución de la demanda interna y el agotamiento de la capacidad productiva ociosa, en un contexto de mayor disponibilidad de crédito, están dando lugar a un aumento de la inversión.

Asimismo, el sostenimiento del crecimiento y la consecuente mayor capacidad de generar empleo de las economías de la región anticipan una nueva reducción de la tasa de desempleo, que en 2011 se proyecta entre un 6,7% y un 7,0%, con lo que la tasa de desempleo alcanzaría niveles inferiores a los existentes antes de la crisis. Además, la evolución del empleo asalariado formal en una serie de países, que en la primera parte de 2011 estaría aumentando su participación en el empleo total, indica una mejora de la calidad de los puestos de trabajo creados. Este contexto de crecimiento y de mejora (cuantitativa y cualitativa) de los indicadores laborales permite augurar un nuevo avance en los indicadores de pobreza.

Por otra parte, el aumento de los precios de los productos básicos, y en especial de los alimentos y los combustibles, en el marco de un significativo crecimiento de la demanda interna, presiona al alza la tasa de inflación y ha comenzado a colocar a los bancos centrales de la región frente al renovado dilema de priorizar la estabilidad de precios o tratar de defender en alguna medida la competitividad de los sectores productores de bienes exportables y sustitutivos de importaciones, en un momento en que la combinación de una elevada liquidez internacional y la solidez de algunas economías latinoamericanas, sumada en varios países a la masiva entrada de divisas a causa de los altos precios de los bienes básicos de exportación y un renovado apetito de los inversionistas extranjeros por realizar inversiones en los países emergentes, se traduce en una fuerte presión a la apreciación de los tipos de cambio de la región.

La situación descrita plantea una serie de riesgos y dificultades tanto en el corto plazo como en el mediano y largo plazo. Por un lado, la mayor entrada de flujos financieros estaría aumentando la vulnerabilidad de la región a movimientos de capitales especulativos, con el agravante de que la magnitud de los recursos involucrados podría exceder la capacidad de los sistemas financieros, dando origen a burbujas en los precios de los activos financieros y en los mercados inmobiliarios. Más allá del corto plazo, la apreciación del tipo de cambio real puede afectar al componente externo de la demanda de bienes, en especial en un escenario de pérdida de dinamismo del comercio mundial como el que puede derivarse de una disminución del crecimiento de las naciones desarrolladas como la que se proyecta a mediados de 2011. Así, la ocurrencia simultánea de apreciaciones del tipo de cambio real y el aumento de los precios de los productos básicos operan como un incentivo para una especialización intensiva en la producción y exportación de bienes primarios, aumentando la vulnerabilidad de las economías de la región a los choques externos y posiblemente generando mayor volatilidad en los agregados macroeconómicos internos, afectando negativamente la capacidad de las economías de crecer, de generar empleo productivo y de disminuir la desigualdad.

Vale la pena reiterar que, si bien los riesgos no son inminentes, la situación debe considerarse con cautela, lo que aconseja aprovechar la coyuntura favorable para fortalecer la posición externa de la región y generar ahorros en el sector público de modo de recuperar el espacio de políticas que se contrajo en la crisis. Por otra parte, las medidas como los controles o limitaciones a la entrada de capitales de corto plazo también contribuirían a disminuir la vulnerabilidad de la economía. Estas recomendaciones, por otra parte, son compatibles con la necesidad de contener la apreciación cambiaria referida anteriormente. En este sentido, la reconstrucción del espacio fiscal resulta de vital importancia para los países de la región, ya que contribuiría no solo enfrentar los tradicionales desafíos de las políticas públicas (necesidad de aumentar la inversión en capital físico y social) sino también a atender algunos desafíos que se plantean a partir de la evolución del escenario internacional. El incremento del ahorro del sector público permitiría tener una política monetaria menos contractiva y ayudaría a reducir la tensión entre las estrategias antinflacionarias y cambiarias.

En la segunda parte del documento se analizan los retos que emanan de un contexto caracterizado por altos precios de productos básicos y elevada liquidez que se vuelca hacia activos latinoamericanos. Los países latinoamericanos y caribeños que se encuentran en esta situación tienen la oportunidad de aprovechar estos recursos para estimular el crecimiento a largo plazo, pero enfrentan desafíos como una mayor presión inflacionaria, la pérdida de competitividad por procesos de apreciación de sus monedas y la amenaza de la “reprimarización” de su estructura productiva.

Las economías de la región disponen de una serie de instrumentos para contener los efectos negativos de este contexto internacional que, además de que conllevan costos, no suponen una efectividad asegurada y pueden generar efectos secundarios no deseados. En este contexto el reto para los encargados de la formulación de políticas consiste en diseñar la adecuada combinación de instrumentos que tome en cuenta las características específicas de la inserción comercial y financiera de cada país para crear un entorno favorable a la inversión, el empleo y la mejora del bienestar de la población en general.

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