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Siempre he sentido que es muy estrecha la linea que divide un buena de una mala decisión, es muy frecuente encontrarnos en medio de una decisión donde tendremos que escoger alguna alternativa cuyo resultado dependerá definitivamente del escenario al cual este expuesto.

La decisión podría resultar fácil si es que aplicamos un poco de lógica y ponderamos las probabilidades de ocurrencia del resultado esperado de acuerdo con la decisión, siempre considerando el escenario al que estamos expuestos, el riesgo y la incertidumbre. Fácilmente podríamos aplicar un árbol de decisión como herramienta de selección de la alternativa que nos ofrezca el mejor resultado, sin embargo en la vida real aun existe un problema.

Y este problema es el sesgo que solemos tener cuando realizamos una decisión, la esperanza de que, a pesar de no ser la alternativa lógica correcta, será una buena decisión, siempre esperando algún cambio de variable que afecte lo suficiente al resultado para que al final a pesar de equivocarnos estamos en lo correcto.

Este tipo de disyuntivas paranoicas suelen ocurrir sobretodo cuando tenemos que decidir entre lo deseado y lo mejor; cuando lo deseado y lo mejor son cosas opuestas (o así lo parecen, o las vemos de esa forma) entonces solemos darle mayor ponderación a las cosas que deseamos cuando existe la esperanza de la aparición del cambio de variable que la convierta en la mejor opción, mientras que cuando no existe esa esperanza del cambio de variable entonces decidiremos por aquella “mejor” alternativa (contraria a la deseada).

Este tipo de disyuntiva convierte en la decisión en una paranoia entre saber que debes decidir: lo mejor o lo deseado