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Warren Buffet

Para muchos le será increíble escuchar que dieciséis ejecutivos, incluyendo a la mujer más rica de Europa, se ofrecieron -mediante una carta dirigida al Gobierno Francés- a pagar una contribución especial con espíritu de solidaridad para ayudarle a salir de la complicada situación fiscal en la que se encuentra.

Les extrañará también saber que Warren Buffett -Director ejecutivo de Berkshire Hathaway y tercer multimillorario norteamericano- publicó un artículo en el New York Times donde exhortaba al Gobierno de los EEUU a dejas de mimar a los mega ricos, entre sus propuestas estaba además la de incrementar la tasa de impuestos que estos pagas -pues es inferior al promedio.

Estas noticias son difíciles de asimilar en países latinoamericanos donde los niveles de desigualdad son elevados, y donde la inversión privada es aún muy mal vista, llegando hasta a verla como un instrumento satánico de dominación; aunque en algunos casos existen buenos motivos para pensarlo.

Pues estamos frente a actitudes que no se verán frecuentemente y será aún más difícil que se vean en latinoamérica, y esta actitud es la de: responsabilidad, más allá de la solidaria contribución de los mega ricos franceses o norteamericanos se encuentra la comprensión de una relación de mutua colaboración que debe ser necesaria para alcanzar beneficios para ambos jugadores -Estado y empresas.

Cuando un Estado pierde el control de sus cuentas y llega al default -incapacidad de cubrir con sus obligaciones- se enfrenta a la rebaja de su calificación crediticia que incrementará el costo de nuevo endeudamiento tanto para el estado como para las empresas, con lo que serán necesarias medidas para reducir el déficit fiscal; ante ello la opción será aplicar Política Fiscal Contractiva -incrementar impuestos y/o reducir gastos.

Al tomar medidas contractivas, seguramente se provocarán conflictos -marchas, huelgas, paralizaciones- que harán riesgosa la inversión, por lo tanto mayores las dificultades de conseguir financiamiento -incremento del costo del financiamiento.

Entonces, la rebaja de la calificación crediticia incrementa el costo de financiamiento para el estado y las empresas, mientras que al incrementarse el riesgo país también se incrementan los costos de financiamiento; este es un efecto que los empresarios e inversionistas no pueden permitírselo, entonces es mejor “colaborar solidariamente” con el Estado.

Pero esta colaboración no tan desinteresada es finalmente responsable con la economía, pues si sus condiciones de financiamiento no se deterioran demasiado podrán seguir invirtiendo, es decir, generando empleos; al final todos podrían ganar, demostrando una vez más que la economía conecta a todos los agentes -estado, sociedad y empresas- y que todos deben colaborar para que esta sea sostenible. ¿La mano invisible estará funcionando esta vez?

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