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El alza repentina de los pasajes de transporte urbano en la ciudad del Cusco ha desatado, nuevamente, la polémica respecto del servicio y sus precios. Sea defensor o detractor del alza, se debe reconocer que esta es solamente la punta de un iceberg, un problema estructural dentro del sector. A continuación abordaremos los mismos:

El actual esquema de transporte se construye sobre un principio de libertad, en el cual las empresas tienen la oportunidad de diseñar y presentar propuestas de ampliación de ruta, para abastecer las crecientes demandas en las zonas periféricas. Así mismo, presentar competencia a otras empresas que estén operando en los mismos corredores.

Sin embargo, este esquema no ha funcionado como se ha previsto. La ausencia de instituciones fuertes en el control de estas concesiones ha resultado en la conformación de pequeños cárteles que han monopolizado y restringido el acceso de competencia en determinados sectores de la ciudad; pero que, al mismo tiempo, construyen un grupo de interés, en el que competidores participan para concertar precios.

Este esquema tampoco ha funcionado para resolver el problema de empleo; pues a pesar de haber captado un importante grupo humano, no ha conseguido distribuir adecuadamente los ingresos resultantes de la actividad, generando empleo de bajos ingresos, alta explotación y pequeñas oportunidades de desarrollo.

Tanto empresarios como conductores actúan con impunidad, pues el sistema no ha podido establecer responsabilidades de las compañías tanto en accidentes, agresiones morales y físicas, así como en infracciones a los reglamentos de tránsito, seguridad y consumo. ¿Acaso la empresa saca de circulación choferes y/o unidades con elevado número de multas?

Respaldados en la impunidad que les otorga el sistema actual y fortalecidos por la ausencia de instituciones -entre ellos el municipio y la DRTCC – que regulen el sector con objetivos claros y responsabilidad corporativa y social, se establece una tarifa “social” pretendiendo convertir la prestación del servicio en actos de “bondad y caridad” por parte de los empresarios. ¿Acaso alguien invierte su dinero para subsidiar a otros?

Esta claro que la mejora del servicio de transporte en la ciudad del Cusco necesita de una combinación de factores, entre ellos podría considerarse un incremento del precio del servicio; sin embargo, es necesario preguntarse si bajo el actual esquema este incremento de precios se trasladará al consumidor -en forma de mejores vehículos y mayor seguridad- y a los empleados – en la forma de mejores sueldos y condiciones laborales.

Así mismo, es claro que bajo el actual formato de prestación del servicio no es posible brindar servicios de forma eficiente. La solución podría pasar por el uso de vehículos más grandes o el diseño de un sistema vial, como ya lo ha echo Lima con el Metropolitano y el Metro de Lima, y en el que también están trabajando ciudades como Arequipa y Huancayo.

El anuncio del Municipio respecto de la ejecución de una nueva Licitación de Rutas no parece suficiente para enfrentar el problema desde su estructura. El paso a la construcción de una ciudad que pretende ser maravilla del mundo necesita de la proyección a soluciones modernas y ecoamigables que aseguren seguridad, salud y eficiencia; así como condiciones dignas para quienes laboran en el sector.